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La destrucción y reinvención de Notre Dame de París

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El incendio

La Catedral de Notre Dame, ícono de arquitectura gótica e historia parisina, sufrió un incendio devastador el pasado 15 de abril del 2019. El fuego envolvió rápidamente la estructura de cubierta y en poco tiempo se dio un desplome de la mayoría del techo y su estructura, así como el colapso completo de la aguja del capitel.

Getty: Imagen obtenida de aquí

Las investigaciones – aún en curso – han develado varias posibilidades para el inicio del incendio:

  • Uno de los sopletes en uso para las reparaciones estaba colocado sobre madera.
  • Un cortocircuito en el sistema de timbre.
  • Colillas de cigarrillos.

Lo que sí está claro es que el origen del incendio fue accidental.

El protocolo de emergencia

El incendio comenzó a las 6:30pm y por aproximadamente 5 horas, entre 400 y 500 bomberos trabajaron para contenerlo. Se tardó aproximadamente 9 horas en extinguirlo por completo.

Al tratarse de una estructura centenaria, el incendio no podía controlarse como se haría en una construcción contemporánea. La opción de lanzar agua con avión cisterna no era viable porque, debido al peso y fuerza de la caída del agua, se correría riesgo de debilitar la estructura de la catedral, además de producir daños en el entorno de la construcción.

Aunque no se ha podido confirmar, de acuerdo con el hilo de Michael @_theek_ en twitter, se plantea la posibilidad de que el departamento de bomberos de Paris siguió el protocolo que se definió cuando Notre Dame fue saqueada durante la Revolución Francesa:

  1. Salvar a las personas
  2. Slavar el arte
  3. Salvar el altar
  4. Salvar los muebles
  5. Salvar la estructura

Acá un poco más sobre lo que se perdió y se salvó del incendio.

Foto de Twitter obtenida de aquí

Su historia

La Catedral de Notre Dame se comenzó a construir en 1163 y su construcción se extendió hasta el 1345. Luego tuvo modificaciones a lo largo de los siglos.

Getty: Imagen obtenida de aquí

Después de la Revolución Francesa, Notre Dame fue saqueada y sufrió muchos daños. El edificio fue utilizado como almacén hasta 1802, cuando se reinstauró como iglesia católica para la coronación de Napoleón Bonaparte. Sin embargo, sus malas condiciones continuaron hasta 1831, cuando la novela de Victor Hugo, Nuestra Señora de París, le devolvió su fama.

La aguja fue una adición moderna, realizada en una restauración que comenzó en 1845 y se extendió por más de 20 años. El diseño original sí contenía una aguja, pero esta se dañó por el clima y se desmontó en 1786. Las gárgolas también se incluyeron durante esta renovación.

Getty: Imagen obtenida de aquí

Los trabajos de reparación continuaron en 1963, 1991 – 2000 y finalmente, en el 2019.

Más allá de la historia conocida

La ubicación de la Catedral Notre Dame de París no es antojadiza. En la plaza frente a la catedral, una insignia en el suelo señala el Punto Cero. Este es el punto desde el que se marca el kilómetro cero de la ciudad y se desarrolla su cartografía. Aunque este punto se definió como tal en el S. XVIII, desde mucho antes se consideraba que este pedacito de tierra enmarcado por ríos era el centro, en todo sentido de la palabra:

Es aquí donde, antes de que se levantara Notre Dame, existieron múltiples construcciones en oda a la espiritualidad: Primero, fue aquí donde los celtas realizaban sus ceremonias. Luego, los romanos erigieron un templo al dios Júpiter. La primera iglesia cristiana de París reemplazó este templo. Finalmente, Notre Dame tomó su puesto hasta la fecha.

Si bien, la sustitución de un templo de una religión con la de otro es una acción de gran peso político y una gran muestra de poder, me gusta pensar que este punto cero tiene un je ne sais quoi que lo conecta con el mundo espiritual.

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Getty: Imagen obtenida de aquí

El diseño

Notre Dame es una de las iglesias góticas – y construcciones góticas en general – más reconocidas en el mundo. Su bóveda de crucería, sus enormes rosetones (vitrales), el gran órgano y las gárgolas son de sus principales características.

Pero sobretodo, su penumbra…

Imagen obtenida de aquí

Una sensación de pequeñez nos invadía a cualquiera que cruzara la Puerta del Juicio Final. Sin sorpresas aquí: como buena obra representante de arquitectura gótica, cada detalle que forma parte de Notre Dame fue diseñado para intimidar.

Las grandes alturas, los arcos góticos, la sensación de estrechez (a pesar de la enormidad), las esculturas juzgadoras, y la oscuridad que se difumina apenas sobre el altar y en los rosetones en la altura… Todo está pensado para que sintamos asombro hacia lo que representa: la fe católica.

Su reconstrucción

Profesionales del área estiman el tiempo de reconstrucción en entre 20 y 40 años, aunque Emmanuel Macron – presidente de Francia – prometió reconstruirla en 5 años.

Se desconocen los costos que tendrá la reparación, pero poco tiempo después de que la noticia del incendio se esparciera por el mundo comenzaron las donaciones millonarias para la causa.

Getty: Imagen obtenida de aquí

Édouard Philippe, primer ministro francés, anunció un concurso de diseño arquitectónico para la reparación de los daños.

Y aquí es – como si el incendio no me hubiera producido suficiente tristeza – donde realmente me comienzo a estresar:

¿Cómo reconstruir una obra con tal nivel de historia y generación de emociones?

Acá voy con un poco de teoría de arquitectura:

En el mundo del patrimonio artístico y/o arquitectónico, se le llama falso histórico a las intervenciones que reemplazan partes de lo original (como pintar un nuevo personaje en Las Meninas de Velazques) o imitan a los elementos originales de manera que no se logra diferenciar que es original y que es nuevo (como pintar nuevos trazos en La Noche Estrellada de Van Gogh).

Esto hace que, al estar frente a la obra, se piense que todo fue creado en un mismo momento con alguna intención en particular que no necesariamente es la real. Se contamina la esencia de la obra original y se da una lectura falsa de la historia.

¡¿Quién haría eso?!

Irónicamente, en arquitectura se da mucho. Como la arquitectura es una disciplina que se balancea entre el arte y la utilidad, con frecuencia se hacen modificaciones en favor de la utilidad y de paso se afecta el arte.

En su lugar, se propone intervenir el objeto con una obra fácil de diferenciar de su sector original. En la actualidad, es hermoso el contraste entre lo nuevo y lo viejo y queda clarísimo qué es nuestra historia y qué es nuestro presente. En el futuro, la diferenciación es un testimonio del paso de los años y el cambio de tecnologías.

 

La restauración pura, por otro lado, consiste en recuperar los materiales y estructuras originales, con el objetivo de que el resultado final sea lo más parecido posible al original, con la menor cantidad de afectación “nueva”. Por definición, la restauración pura solo se puede lograr si el objeto a restaurar tiene daños menores, recuperables…

Este no es el caso de Notre Dame, que perdió la mayoría de su cubierta, entre otras cosas.

Pero Notre Dame es más que sus paredes de piedra, sus vigas de madera, y sus vitrales como elementos aislados. Notre Dame, a como la conocíamos, era la suma de todas sus partes y la penumbra maravillosa que lograba.

Con cualquier otro tipo de solución – más allá del techo que tenía – esta penumbra se pierde. Vigas de metal le quitarían misticismo. Cubiertas en otras formas restarían la sensación de estrechez y altura. Materiales traslúcidos eliminarían la penumbra del todo…

Entonces, ¿qué hacemos con Notre Dame?

Parte de mi quiere repetir exactamente lo que había. De ninguna otra manera se podría recuperar la esencia de la catedral. Pero mi responsabilidad profesional me grita que no debemos vivir en el pasado y que no debemos dibujar nuevos trazos en La Noche Estrellada: el resultado sería algo aceptable y agradable, pero jamás el mismo.

Pero… recordemos la misma historia de Notre Dame:

  • Es una estructura que ha sufrido múltiples deterioros, destrucciones y saqueos.
  • Es una estructura que ya se ha reconstruido con intervenciones completamente nuevas y ajenas al diseño original. No olvidemos que la aguja de Viollet-le-Duc, en su momento, desafió la estética de Notre Dame y que las gárgolas – que fácilmente pensaríamos que vienen de su diseño gótico original – realmente se agregaron luego (esto es un falso histórico).
  • Es un templo de adoración a la fe que sustituyó otro, que sustituyó otro, que sustituyó otro…

Todo esto me hace pensar, con mucha tristeza pero también con mucha ilusión, que Notre Dame ya cumplió su ciclo anterior, y que es tiempo de un nuevo ciclo.

Tal vez es tiempo de que Notre Dame sea un símbolo de una nueva fe, una fe que represente esta era: la era de nuevas tecnologías, la era de globalización, la era de reencuentro con el respeto a la naturaleza…

¡No se asusten! Cuando hablo de nuevas tecnologías y globalización no estoy hablando de pantallas LED y wifi. Nuevas tecnologías es materiales de construcción ligeros, duraderos e innovadores. Globalización es que todos somos ciudadanos de este mundo y que – creo (¿o espero?) – todos, independientemente de nuestra inclinación religiosa – o falta de – podemos apreciar lo sublime y lo espiritual de los templos de cualquier religión: ese je ne sais quoi del que hablábamos…

Y París, siendo la capital del amor y, por lo tanto, centro de atracción turística de ENORME alcance, recibe visitantes de todas las religiones.

Tal vez es hora de que Notre Dame se convierta en una oda al centro espiritual que todos tenemos en común, el primer templo erguido: la naturaleza.

Para esto tendríamos que modificar el uso de Notre Dame: ya no sería una iglesia católica sino un templo espiritual. Así, sin apellidos. Un lugar sagrado donde todas las religiones pueden encontrar casa, donde todos se pueden sentir identificados.

El tiempo de la cubierta original de Notre Dame ya pasó. Eso me lo tomo como una señal. Entonces, como contrario absoluto a la cubierta de penumbras, surge una alternativa de diseño** que me gusta y me tomaré la libertad de apropiarme temporalmente de ella (con unos cambios) para explicar la idea:

Imaginen una estructura de cubierta que imite los arcos de la estructura original: la misma forma y el mismo ritmo (patrón de distancia entre los arcos) pero en diferente material, uno que contraste.

Ahora imaginen que sostiene una cubierta transparente, que deja pasar toda la grandeza de la luz del sol: de la penumbra a la claridad.

Plantas de todos los tamaños se estiran en búsqueda de esa luz y se asoman por la cubierta transparente. Por fuera, el techo de Notre Dame se convierte en un bosque, recordando las estructuras más primitivas que nos protegen del clima desde el inicio de los tiempos. Por dentro, las paredes de piedras enmarcan este bosque, que se estira hasta la luz, logrando (con métodos completamente distintos) el mismo resultado final de estrechez y pequeñez ante el universo de la antigua Notre Dame.

En esta propuesta hay un bono: La aguja caída se reinterpreta como un apiario: una oda a la estética del diseño de Viollet-le-Duc y un recordatorio de la importancia de respetar la naturaleza, la vida y el rol que las abejas juegan en ellas.


 

*Nota: En el mismo hilo de Twitter hay un enunciado que dice que los robles de Versalles se sembraron con el fin de reemplazar la estructura de madera; se ha desmentido por Versalles. De hecho, Francia no tiene árboles lo suficientemente grandes para reemplazar las vigas quemadas.

**Nota: Acá pueden ver un poco más sobre esta propuesta. Aclaro que mi interpretación de este diseño no divide el piso inferior de la cubierta, como propone studio NAB, más bien todo queda conectado.


Fuentes:

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