La copia (in)consciente del diseño
Sin quererlo, desde la escuela de arquitectura se empezó la terrible tendencia de diseño que está abarcando el mundo abrumadoramente. Y sí, me refiero al mundo. ¿Han visto como cada vez más las diferentes ciudades del planeta se empiezan a ver iguales entre ellas? Conforme hemos disfrutado de los beneficios de la globalización, la capacidad de acceder a culturas y estilos de otros países desde la computadora o el celular, también hemos ido perdiendo la identidad propia.
Mientras pretendemos saber lo que estamos haciendo, todos vemos de reojo al otro a ver qué hacen y ajustamos para no quedar fuera de la ola de tendencias. A la vez, el otro nos ve a nosotros y así nace un círculo vicioso en la expresión cultural de nuestra arquitectura. Dejamos de tener criterios de identidad propios y empezamos a diseñar y construir de formas que no responden ni con la forma de vivir de nuestra gente, ni con la realidad del lugar; no se toma en cuenta qué materiales están disponibles para construir ni qué diseños funcionan con el clima. Hacemos arquitectura estándar.
El maleo de la arquitectura
Como si no fuera suficiente, el efecto de “desarrolladora” toma y deforma los conceptos de diseño para maximizar rentabilidad. Claro, tienen que lucrar (todo bien), pero lo hacen a costa de aspectos lógicos y necesarios de diseño. Por su masividad, cuando vemos al “otro”, lo que vemos no son los proyectos cuidadosos de poco volumen que salen de mentes detallistas, sino las creaciones repetitivas y estandarizadas que existen tras imitar al “otro” quien a su vez, lo imitó a uno.
Este proceso se ve más o menos así:
Receta para diseño contemporáneo de acuerdo con la escuela típica de arquitectura:
Techos: Los techos a dos o cuatro aguas son muy comunes; propongamos geometrías distintas.- Volumetría: Para hacer una declaración fuerte de diseño, juguemos con los planos y saquemos volúmenes. Convirtamos paredes completas en ventanas.
- Geometría: Las curvas ylas geometrías no rectas están bien, pero hay que adaptarse a las posibilidades y costos de los materiales más comunes (léase: es más fácil hacer diseños rectos con concreto).
- Ornamento (molduras, tallados, hierro forjado): Eso ya está pasado. En vez de eso elijamos un material fuerte y llamativo y pongámoselo a toda una pared.
- Materiales: No hay nada como los materiales en su estado puro: ladrillo, concreto, madera, piedra…
- Colores: El blanco es el lienzo que exhibe la obra (léase con tono de poeta)
- Costo: Alguien sabrá.
- Mantenimiento de la obra: Ahí verán.
Receta para diseño contemporáneo de acuerdo con la desarrolladora lucrativa:
- Techos: Como los techos funcionales están pasados, hagamos techos ocultos, precintas altas, imitemos las losas planas que no podemos tener por las lluvias, borremos los aleros para que se vea “moderno” y ahí verán que hacen con la lluvia y el sol excesivo entrando por las ventanas.
- Volumetría: La construcción será una gran caja pero en la fachada sacamos unos volúmenes por aquí y otros por allá para hacer la ilusión de un diseño interesante.
- Geometría: Entre más simple, más barato.
- Materiales: Tenemos que poner un material fuerte como declaración de diseño pero debe ser barato. En vez de madera, ¡plástico! En vez de piedra natural, ¡fachaleta de cerámica! El concreto expuesto es muy caro, pero podemos pintar de gris. El ladrillo – material bueno y longevo – está en construcciones viejas entonces debe ser una antigüedad. En vez de ladrillo: enchape en porcelanato.
- Colores: Hay que usar colores para diferenciarnos, pero si nos vemos demasiado diferente a la norma, no nos van a querer. Quedémonos con el gris.
- Costo: Hay que maximizar los márgenes. Hay que reducir los metros cuadrados. Eliminemos el comedor; que coman en la barra de la cocina. Comer es una experiencia cultural pero no somos nosotros quienes viviremos ahí. De cuarto de pilas a closet. ¿Espacio de tendido? Naa..
- Mantenimiento de la obra: Se verá bonito al momento de vender.
La estandarización global de la arquitectura
Como lo que vemos, repetimos, de alguna manera nuestro cerebro colectivo cree que sí ve algo muchas veces, es porque debe ser mejor. Así, al tomar decisiones individuales también optamos por plástico que imita madera y cerámica que imita piedra. Optamos por fachadas planas sin aleros y espacios internos con sol intenso cuyas ventanas no se pueden abrir cuando llueve. Aún cuando tenemos algo bueno, optamos por tapar lo que existe, con la identidad que tiene, solo porque ahora el “otro” tiene algo más.
Aquí se ve una casa construida en México y otra construida en Costa Rica. Cualquiera podría ser cualquiera, ¿cierto? Ambas cumplen con los cánones estéticos actualmente vigentes y, por ello, ninguna tiene personalidad propia.
Lo mismo va para este condominio en Estados Unidos y este condominio en Costa Rica:
La arquitectura como víctima del miedo a envejecer
En Costa Rica ha habido varios casos de edificios hermosos que se forran en materiales “innovadores” con el fin de cambiar sus fachadas. Sí, ahora las fachadas se ven más congruentes con la arquitectura contemporánea pero esto no significa que sea mejor. Así, remodelaciones pensadas para mejorar terminan más bien perdiendo lo que las hace especiales. En vez de destacar, se borran.
El Banco Negro – Banco de Costa Rica – fue un hito en la ciudad de San José con su fachada forrada en piedra y el volumen superior en un icónico color negro. Sus materiales hablaban de lujo y prestigio. Ahora está todo forrado en aluminio compuesto. Sus materiales hablan de ser igual a los demás y de haber estado en tendencia en el año 2010. ¿Quién les va a decir que las fachadas de aluminio compuesto también ya pasaron de moda?
De forma similar, CONAPE pasó de ser una casa lindísima a una gran pancarta de publicidad. Ahora se ve tan igual a todo lo que hay, que se pasa por la zona sin notarlo, sin leer los rótulos y sin recordar dónde está ubicada la institución.
También sucede en la empresa privada. La universidad ULICORI es otro caso víctima de la McDonalización de la arquitectura, donde pasamos de una casa antigua josefina, con carácter y detalle a grandes ventanales polarizados que la ocultan por detrás. Por cierto, cualquier parecido entre la estética de ULICORI y CONAPE no es pura coincidencia.
Hablamos de generalización, banalización y McDonalización como sinónimos porque sí, hoy un McDonalds se puede intercambiar con una casa. El punto máximo de la arquitectura estándar.
Quien tomó la decisión dirá que el cambio se hace porque “ya se veía viejo”. A este le respondo, ¿y qué?
El miedo a envejecer ha pasado de atacar nuestra piel y nuestro cuerpo a ahora también atacar nuestros espacios.
¿Acaso no visitamos ciudades como Cartagena, París y Florencia para ver lo bonito que es lo “viejo”? Estos lugares, lejos de estar desactualizados, nos enseñan lo importante que es conservar la identidad. Es gracias a esta identidad que existen en el mapa. Si la hubieran borrado tras fachadas de porcelanato, no tendrían nada especial. Serían un lugar cualquier, que no ameritaría visitar.
Cuando se envejece (que se nos olvida que es algo completamente natural y normal para todo lo que existe en el mundo) también hay más sabiduría, más carácter y más experiencia. Ante el riesgo de sonar cliché, los materiales acumulan el tiempo y cuentan una historia específica a su lugar y a su gente.
No se trata de conservar cosas viejas en mal estado o de volvernos acumuladores del pasado. La idea es entender que hay valor en la historia, que los materiales – si se les da buen mantenimiento – sí pueden conservarse a través del tiempo y que no hay nada mejor que reflejar la identidad propia en el espacio que habitamos.
